Un frío laboratorio
- 22 may 2017
- 2 min de lectura

Hace algunos años casi a media noche me encontraba aun en la universidad, estaba tratando de terminar un proyecto, de esos que armas con muchísimo cuidado, probando cada pieza, cada conexión, porque quieres que todo salga bien; pero después de mucho tiempo de programar, de probar y de no determinar en realidad que está mal, llega un momento en que te frustras... Y ¡ahí estaba yo! a mitad de la noche, en un frío laboratorio, sin saber que más hacer, vi el reloj y me pregunte: ¿Debo estar aquí? ¿Este es mi lugar? (Esas preguntas existenciales que a veces parecen fulminar) ¿De verdad vale la pena seguir aunque parece que nada pasa, que no aprendo nada?
Pero cuando estaba a punto de rendirme ¡una luz toco mi corazón! y mis pensamientos cambiaron, entonces dije:
A Moisés le tomó casi 80 años para llegar a ser el hombre más manso de toda la tierra. David después de muchas batallas perdidas llegó a ser un hombre conforme al corazón de Dios. Abraham después de casi 20 años de esperar la promesa, no dejo de confiar en Dios, y fue esa confianza que le convirtió en amigo de Dios. Todos estos grandes hombres pasaron por esas noches en el frío laboratorio, estoy segura que muchas veces Moisés se preguntó: ¿Acaso no son muchos años ya en el desierto? ¿En realidad debería seguir aquí? David tal vez en una de sus caídas dijo: en serio ¡no aprendo! ¡Cómo puedo pensar que Dios puede usarme para algo! Abraham cuantas veces pensaría que los años pasan y mientras más pasan, más imposible es ver la promesa cumplida. Pero Ellos simplemente siguieron ¡aún sin sentirlo!, porque estoy segura que en esas noches oscuras del laboratorio frío ¡creyeron que Dios estaba ahí con ellos!
Entonces entendí que son esas noches de un frío frustrante en el laboratorio que prueba no las capacidades o habilidades, prueban algo tan simple como la perseverancia, que viene por consecuencia de confiar en quien amas.
Y ahí mientras caminaba en la oscuridad de una universidad vacía dije: Dios no sé si estoy donde debería estar, pero ¡sé que estás conmigo! y si estás conmigo ¡sé que éste por ahora es mi lugar para perseverar!... y pude volver a sonreír.
No dejes que el gozo se vaya solo porque piensas que a estas alturas de tu vida ya deberías haber logrado algo; tal vez solo te encuentres en una noche fría de laboratorio, pero te tengo una noticia para ti: ¡Ahí está Dios!, ¡Está contigo!
Salmo 31:14-15
“Pero yo confío en ti, oh Señor; digo: « ¡Tú eres mi Dios!». Mi futuro está en tus manos”







Comentarios